«Bailamos alrededor en un anillo y suponemos, mientras que el secreto se sienta en el centro y sabe.»  Robert Frost

Queremos cambiar, pero ¿Cambiar qué? ¿Para qué? La idea de la transformación es algo que atrae a muchas personas, es por lo que uno comienza en un camino de búsqueda. El punto de partida resulta bañado por nuestras ideas y paradigmas, estamos contaminados por el resultado de una educación y un desarrollo que han creado una falsa personalidad, con la cual nos identificamos, pensamos que empezamos por el punto de partida, pero no es así. Nuestros miedos gobiernan nuestras acciones. Bajo estas circunstancias, las falsas evidencias se manifiestan como reales.

Este camino de búsqueda tiene por objetivo encontrar quienes somos, tener un acercamiento a nuestro «Ser», pero estamos demasiado disociados como para tener este encuentro, sin este encuentro, no podremos conectarnos unos con otros. Vagamos por el mundo con la mirada en nuestro ombligo, buscando siempre mas, hambrientos. Saciamos nuestro apetito con infinidad de estímulos externos, olvidamos lo esencial y somos incapaces de tener empatía por los demás. Al ser arrastrados por todas estas cuestiones, un torrente de emociones negativas impiden que entremos en la unidad de todas las cosas.

En nuestra búsqueda, lo que resulta paradójico es que intentamos encontrar algo que es, siempre fue y que siempre será. De nada sirve cambiar, volverse mejor, si no despertar, tomar consciencia de nuestra conciencia, o ser conscientes de nuestra inconsciencia.

Es aquí donde la dirección del Trabajo se torna simplemente en ser lo que se estaba destinado a ser desde un comienzo. Un trabajo hacia la comprensión.

Es esta gran ilusión sobre la que giramos, donde los pensamientos y acciones nos dominan, sentimientos basados en «me gusta o no me gusta», que impiden llegar a saber quienes somos realmente.

Mientras este torrente de ideas, pensamientos y fantasías suceden, podemos observar su movimiento y fluidez, ver las reacciones, los rechazos, los estados de ánimo, en esa observación se vislumbra en la profundidad algo permanente, una sensación de algo inmutable y que permanece siempre en el interior.

Solo aquello que pueda  experimentar en un momento de conciencia es lo que podré comprender.

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