Lo que llamamos nuestro mundo externo no es el verdadero mundo exterior. Este es una imagen, una proyección de algo interno. En ese momento tenemos que interponernos entre lo imaginario y la realidad. Nadie ve las cosas del mismo modo, nadie ve el mismo lago, nadie ve la misma mesa, nadie comparte la misma historia. Somos seres únicos que compartimos este momento.

Llegar a tener un instante significa que estoy en contacto con la vida, con el cosmos y con diferentes tipos de niveles de existencia. Podemos llegar a imaginar el universo con muchos niveles, familiarizarnos con esto en nuestras mentes. Pero no siempre podemos llegar a una experiencia directa, hacerlo real de forma voluntaria.

El ser humano es una dualidad, capaz de las cosas más grandiosas y de las más burdas y lo real es intermedio, lo que tiene en cuenta ambas cosas al mismo tiempo. Esas son las dos vidas en las que vivimos. Si escapo de una hacia la otra, si me entrego a lo automático, es una involución. Pero ese nivel es necesario. También necesito el otro nivel, medito entre los dos. Aquí encuentro este momento, esta experiencia inmediata de unidad, las tres fuerzas, si alguna no está presente, nada sucede.

Si puedo expandir mi atención, si puedo dividir mi atención un poco, llego a ser mucho menos mecánico y comienzo a tener otras posibilidades. Mi sentimiento comienza a funcionar y más tarde puedo mantener la atención dividida dentro de mi conciencia.

Mantener esa división de atención requiere estar presente en el trabajo de mi centro motor. Es como cuando comienzas a pensar en cómo estás haciendo algo, saltar, correr, quizás tengas que pararte o incluso que tropieces, ya que no puedes pensar con la mente ordinaria a la velocidad necesaria para seguir tu propio movimiento. Así se desarrolla el trabajo del centro acción, nuestro centro motor.

El trabajo con los Movimientos de Gurdjieff nos posibilita realizar un trabajo de observación del mundo exterior y el mundo interior, de observarte y tener ambos espacios en cuenta al mismo tiempo, transitar entre esas dos vidas. Pero para eso debes observarte.

El observarte a ti mismo significa que debes separar algo, debes tener un contacto entre tu cabeza y la sensación que aparece de ti mismo. En los Movimientos para tener un recuerdo de uno mismo necesito que la cabeza esté presente, necesito estar presente a la sensación y necesito que el sentimiento este presente, este último sobre el cual todavía no tengo un control. Pero puede suceder que cuando la sensación y la atención del pensamiento estén ahí, haya un momento de unidad.

Es entonces cuando puede suceder la observación, consigues una cierta cantidad de espacio para vivir tu vida interior al mismo tiempo que tu vida exterior. Es gracias a la observación que sucede.

Todo depende de la atención. La razón por la que no tenemos más observaciones es porque no tenemos atención. Al no tener la suficiente atención, comenzamos, tenemos una aproximación, podemos elegir un momento, pero vemos que no dura mucho y desaparece. Es un trabajo que requiere de paciencia, lleva tiempo hacer crecer la atención.

Al participar en el trabajo de los movimientos, uno ve que la comprensión que ha experimentado durante una clase se lleva a otros momentos de la vida, en las situaciones más comunes de la vida, conducir, caminar en la calle, ir al cine.

Es entonces cuando nuestro pensamiento y otras de nuestras funciones empiezan a trabajar más llevándonos cerca de una armonía que nos llama a despertar.

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