¿Alguna vez te has preguntado si hay un orden subyacente en el universo? ¿Un patrón que conecta todas las cosas, desde las estrellas en el firmamento hasta los átomos en nuestro cuerpo? En esta exploración, nos sumergimos en una de las ideas centrales de la cosmología del Cuarto Camino, que revela dos leyes fundamentales: la Ley de Tres y la Ley de Siete.

La Ley de Tres -Triamazikamno

Esta ley sostiene que todo fenómeno o manifestación en el universo se compone de tres fuerzas: una fuerza afirmativa, una fuerza negativa y una fuerza reconciliadora. Estas fuerzas interactúan y se entrelazan para crear y sostener la realidad tal como la conocemos. Imagina un triángulo equilátero en el que cada vértice representa una de estas fuerzas. La afirmación es el impulso inicial, la negación es la resistencia o fricción, y la reconciliación es el equilibrio resultante.

En la ley de tres, según la perspectiva de Gurdjieff, se establece una relación entre el número tres y el cambio. Según esta idea, el cambio solo puede tener lugar cuando tres fuerzas independientes se unen. Si solo hay dos fuerzas en juego, tienden a reforzarse o negarse mutuamente, lo que resulta en una situación estática. Para lograr un cambio real, se requiere la presencia de una tercera fuerza que sea independiente del «sí» y el «no», del «más» y el «menos».

Con la incorporación de esta tercera fuerza, las otras dos fuerzas ya no están limitadas entre sí de la misma manera. Esto brinda un mayor grado de libertad y una mayor conciencia de sí mismo. Gurdjieff nos invita a considerar la importancia de estas tres fuerzas en el proceso de cambio y cómo su interacción puede abrir nuevas posibilidades.

Cuando nos referimos a la triada en términos generales, es importante recordar que estamos simplificando la idea y podemos pensar en ella como la fuerza 1, la fuerza 2 y la fuerza 3. Es fundamental reconocer que la tercera fuerza tiene la capacidad de iniciar la acción al igual que las otras dos fuerzas. No se limita únicamente a ser el resultado de la unión de las dos anteriores.

Para comprender mejor este concepto, es útil imaginar un modelo resonante en el cual cada una de las tres fuerzas se ajusta mutuamente. Una vez que estas fuerzas se unen, tienden hacia un equilibrio triádico. Mantener presente este concepto nos ayuda a comprender cómo interactúan estas fuerzas entre sí y su papel en el proceso de cambio. En resumen, es importante considerar la igualdad de las tres fuerzas y cómo su interacción da lugar a un equilibrio dinámico y transformador.

¿Qué hay de la Ley de Siete? – Heptaparaparshinokh

Esta ley establece que cualquier proceso o fenómeno se desarrolla a través de siete etapas u octavas, cada una con características distintas. Desde el crecimiento de una planta hasta la evolución de una civilización, el patrón de siete se repite una y otra vez. Puede verse en el ciclo de las estaciones, en la música, en las fases de desarrollo humano e incluso en el comportamiento de los elementos químicos.

El significado de esta ley radica en considerar que el universo está formado por vibraciones en diferentes formas y densidades. Estas vibraciones interactúan, fortaleciéndose, debilitándose y cambiando de dirección. Siguen un patrón de aceleración y desaceleración periódica. Este principio de discontinuidad se aplica tanto en vibraciones ascendentes como descendentes.

Después de un período de desarrollo regular, las vibraciones experimentan una desaceleración temporal y un cambio en su naturaleza. Este patrón se repite en un ciclo de octavas, donde las vibraciones se duplican. La ley de las octavas, conocida desde la antigüedad, también se aplica en la música, donde la escala de siete tonos refleja este patrón cósmico. Comprender la estructura de esta escala musical ayuda a comprender la ley de las octavas en el universo.

La idea de la octava como un modelo universal se basa en cómo las cosas se organizan en diferentes niveles. Imagina que tienes un sistema bien estructurado, este sistema mostrará características y elementos distintivos en varios niveles, creando una especie de jerarquía. Normalmente, describimos esta jerarquía desde las partes más pequeñas y reconocibles hasta el sistema en su conjunto, formando una escala de menor a mayor.

Estas jerarquías reflejan las estructuras en nuestra percepción y pensamiento, y si consideramos el principio de una inteligencia universal, tienen una razón de ser. Estas estructuras no son definitivas ni rígidas, más bien estimulan nuestra percepción en lugar de limitarla.

Resumiendo, la idea central del esquema de Gurdjieff es que existe una voluntad primordial que establece una jerarquía, permitiendo así un movimiento ascendente a través de diferentes niveles organizativos, aunque de manera impredecible. Este movimiento desde la base es temporal y sucesivo, mientras que la estructura de los niveles desde arriba hacia abajo es «eterna». La octava representa una combinación especial entre lo temporal y lo eterno, y es crucial tener en cuenta ambos aspectos.

La sinergia entre la Ley de Tres y la Ley de Siete.

En su libro «Relatos de Belcebú a su nieto», Gurdjieff explica la ley del tres como una ley que genera consecuencias y se convierte en la causa de futuras consecuencias. Esta ley se basa en tres manifestaciones características que son independientes y opuestas, pero permanecen latentes e inaccesibles.

Hay que destacar que estos tres principios tienen un carácter latente, invisible e inaccesible. Su manifestación solo ocurre cuando interactúan con la ley del tres y la ley del siete.

La oposición entre estos tres principios representa una auténtica «contradicción» desde una perspectiva filosófica, ya que en lugar de destruirse mutuamente, se construyen a sí mismos mediante una lucha antagónica (1).

De esta manera, surgió el universo, una sucesión continua de sistemas conectados por una interdependencia universal, que trasciende el paso del tiempo. Gurdjieff se refiere a esta interdependencia universal como el «proceso Trogoautoegocrático», donde el intercambio de sustancias o la «Alimentación Recíproca» de todo lo que existe puede llevarse a cabo en el Universo, evitando así que el implacable «Heropass» (el tiempo)  tenga un efecto pernicioso sobre el Sol Absoluto (2).

Podemos encontrar la Trogoautoegocracia presente en muchas enseñanzas tradicionales. Esta interdependencia universal destaca que todo está conectado y nada está separado. Los distintos cosmos se formaron por principios autoorganizativos, pero siempre en obediencia a la ley del tres y la ley del siete. Esto asegura la diversidad del universo, mientras que el intercambio universal de sustancias energéticas entre ellos garantiza la unidad en la diversidad.

La vida no es considerada un accidente, sino una necesidad en este universo de interdependencia. El universo de Gurdjieff no es estático, sino dinámico y en constante cambio en los planos físico, biológico y psíquico. La evolución y la involución están en constante acción en los distintos mundos, y el intercambio universal de sustancias desempeña un papel esencial en este proceso.

Estas dos leyes trabajan en conjunto para crear un orden y una armonía en el universo. La Ley de Tres proporciona las fuerzas y elementos necesarios para el cambio y la evolución, mientras que la Ley de Siete estructura y organiza ese cambio en etapas claramente definidas.

La ley de siete y la ley de tres están estrechamente relacionadas. Esto implica que ambas leyes pueden representarse mutuamente o reflejarse una en la otra. Podemos observar cómo la arquitectura de siete elementos que hemos estado explorando, que representa una estructura de cambio significativo, se refleja en tres partes distintas.

¿Qué implicaciones tiene esto para la vida en la Tierra y para nosotros, los seres humanos?

En primer lugar, nos muestra que el universo está imbuido de un propósito y un orden intrínseco. Cada evento y proceso sigue estas leyes universales. Esto nos invita a contemplar nuestra existencia desde una perspectiva más amplia y a apreciar la belleza de la interconexión entre todas las cosas.

La Ley de Tres y la Ley de Siete son solo una ventana a esa vasta realidad que nos rodea, son dos poderosas herramientas que nos permiten comprender y apreciar el orden y la estructura del universo. La interacción entre estas leyes nos muestra que todo en el cosmos sigue un patrón definido y que el cambio y la evolución son elementos inherentes a la vida.

Estas leyes tienen aplicaciones significativas en nuestra existencia, nos invitan a ver las situaciones desde una perspectiva más amplia, fomentando una mayor compasión y comprensión en nuestras interacciones con los demás. 

Así que la próxima vez que te encuentres reflexionando sobre el orden y la estructura del universo, recuerda la Ley de Tres y la Ley de Siete. Estas leyes universales nos recuerdan que somos parte de un todo mayor y nos invitan a explorar el potencial ilimitado que se encuentra en nuestra comprensión y aplicación de estas leyes.

El universo es un intrincado entramado de patrones y leyes, y la Ley de Tres y la Ley de Siete son solo una ventana a esa vasta realidad que nos rodea. ¡El universo está lleno de posibilidades esperando a ser descubiertas y aprovechadas!

Notas a pié de página

(1)Relatos de Belcebú a su nieto (Capítulo 17)
(2)Relatos de Belcebú a su nieto (Capítulo 39)
Jorge Díaz

Jorge Díaz

Dirijo los grupos de Trabajo y enseñanzas de Gurdjieff en Akhaldan desde 2007. Conocí el trabajo en 1998, fue a través de una persona a la que tenía gran admiración y estima. “Relatos de Belcebú a su nieto” fue mi puerta de entrada al trabajo. Fui buscando el trabajo en diferentes grupos por todo el mundo y profundizando en la práctica de los movimientos durante años. La línea de John Bennett siempre me ha dado una perspectiva fresca y dinámica del trabajo.

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