UNA SIMPLE EVIDENCIA

En su primer libro publicado en 1934, el único publicado en vida, » The Herald of Coming Good”, traducido al español bajo el título «El Heraldo del Bien que Vendrá”, Gurdjieff se refiere explícitamente a una hermandad con la que entró en contacto, la hermandad de los Ahl -i- Haqq, poseedora de un conocimiento de un tipo especial y guardiana de antiguas tradiciones que se remontan a más de 4000 años.

Este conocimiento guarda relación, según GURDJIEFF, con los métodos de transformación de energías.

 Ahora bien, la base de la enseñanza se fundamente en lo que Gurdjieff llama “la ley del mantenimiento recíproco”, cuyo principio es que cada elemento del universo está en relación, interactúa con todos los demás elementos y por ello debe contribuir, en su posición, a la existencia de cada “otra cosa”.

Las transformaciones de energías, que son producidas principalmente por determinadas interacciones de sustancias en el interior de uno mismo (encontramos los principios de trabajo de nuestros centros), son la base de estos intercambios. GURDJIEFF afirmaba claramente la importancia para el Hombre de poder producir y controlar estas sustancias.

 ¿Por qué les hago este pequeño recordatorio en cuanto al origen y el principio fundamental de la Enseñanza?

 En primer lugar, porque me parece imprescindible que ustedes comprendan el sentido del trabajo que se les propone. Pero también porque durante una conferencia, uno de los asistentes planteó esta pregunta muy pertinente: ¿por qué se debería admitir que ciertas enseñanzas antiguas sean más “avanzadas”, más creíbles que las enseñanzas que la ciencia moderna nos propone actualmente?

 Solo recientemente, unos pocos siglos a lo sumo, aparecieron las nuevas “ciencias” mientras que durante milenios nuestros “ancestros” observaron el comportamiento de los hombres y descubrieron “secretos” a fuerza de experiencia, sabiduría y observación.

 Y es ante el peligro de que estos conocimientos se pierdan o sean mal utilizados que nuestros ancestros “escondieron” su saber en el corazón de la música, las danzas, los movimientos, los símbolos, los legominismos…

 Pero deben ustedes saber que nada es secreto: simplemente debemos aprender a “ leer”.

 Es lo que Gurdjieff comprendió y lo que buscó sin cesar, en ocasiones arriesgando su propia vida y demostró una increíble voluntad de transmitir lo que había “redescubierto”.

 La ciencia moderna no ha estudiado necesariamente en profundidad aquello a lo cual los antiguos dedicaran tanto tiempo a descubrir, en ocasiones rechazando con vehemencia lo que a nosotros hoy en día nos parece evidente, prefiriendo ofrecer explicaciones a veces enrevesadas sobre el comportamiento humano.

 Desde luego, en ningún caso deberían negarse los avances científicos alcanzados desde hace algunos siglos, los descubrimientos médicos, las explicaciones racionales de las antiguas creencias, etc… Sería absurdo. Pero no es de esto de lo que se trata, sino más bien del conocimiento del hombre.

 Y es para hacerles entender, si es necesario, que la enseñanza que se les propone, la enseñanza del Cuarto Camino, no es una enseñanza creada por Gurdjieff, sino más bien una enseñanza que se remonta a tiempos muy antiguos y que permanece todavía hoy y que deseamos que permanezca para siempre en el corazón de determinadas hermandades, cadenas iniciáticas, de las cuales Gurdjieff, sin duda alguna, fue un transmisor de un orden particular, el de la vía de los Maestros.

 El genio de Gurdjieff, su extraordinario espíritu de síntesis, su excepcional conocimiento de la psique humana, de las grandes leyes sobre las energías y la cosmología, junto con su decidida voluntad de “transmitir” aquello que había descubierto hacen que esta enseñanza haya llegado a nosotros. Nadie es propietario de ella sino solamente “depositario”. Depende de nosotros el preservar este tesoro.

 Las ideas de Gurdjieff están “vivas”. Crecen y se multiplican si se las trata bien, en un contexto adecuado, ya que es preciso entender que es importante que uno mismo desarrolle una idea en lugar de tratar de guardarla en la memoria.

 Es en esto también en lo que esta enseñanza se diferencia de tantas otras que establecen como condición indispensable creer sin discernimiento.

 No hay lugar para creencias ciegas en la enseñanza que Gurdjieff ha dado a conocer a Occidente. Solamente la experimentación y el Trabajo  sobre sí mismo son las claves.

 La obra es inmensa; el camino, largo y difícil pero al final, la posibilidad de “llegar a ser lo que somos” .

Serge Troude.Presidente del l’Institut de la 4ème voie  (FRANCIA)

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