El desarrollo armónico

¨La imagen que vemos no es el objeto que vemos, sino solo su interpretación¨ A.G.E.Blake 

Este camino tiene múltiples matices, que se subdividen en multitud de experiencias, tantas como la diversidad existente en el universo. Esta diversidad es lo hermoso y lo creativo, pero al mismo tiempo se convierte en la dificultad principal para conseguir nuestro anhelo, nuestro objetivo, encontrar la unidad, la armonía dentro de esa diversidad. Somos seres divididos, entre lo que pensamos, sentimos y hacemos. Encontrar esa armonía supone dejar a un lado esa fragmentación flagrante para dar un salto cualitativo en nuestra existencia. Y esto no es gratuito.

¿Cuál es el precio a pagar? ¿Qué es lo que sacrifico en esta aventura? Si solo pudiera tener la capacidad de poder ser consciente, de ver la realidad tal y como es sin sentirme desgarrado por lo que esa visión a veces puede producir, simplemente abrazar esa experiencia que se sustenta en un silencio en el interior, el cual vamos cultivando. Somos seres frágiles, recubiertos por una estructura creada para soportar y mostrar nuestra fortaleza, a veces con tesón, a veces con violencia, siempre demostrando de lo que somos capaces . Pero esa fragilidad no es nuestra condena, sino nuestra posibilidad.

Para conseguir un objetivo así, tengo que dejar espacio primero, ese espacio que se encuentra repleto de ideas y puntos de vista que otros nos inculcaron y nos pertenecen solo por una herencia degradada por el tiempo. Un espacio de sensaciones que responden a estímulos, principalmente exteriores, placer, dolor, tensión, relajación, ver como nuestro cuerpo responde a estos estímulos y como no, sentimientos tremendamente cambiantes que viajan a gran velocidad a través de nuestra vida emocional, lo que nos gusta y disgusta. ¿Dónde estamos realmente en medio de esta situación?

Un llamado a la acción

Un día algo sucede, como si las preguntas que yacían dentro de uno, latentes, despiertan con fuerza ante una situación determinada, y es entonces cuando todo lo que dábamos por sentado empieza a tambalearse. Lo llamamos situaciones de choque y son las fuerzas que posibilitan el impulso hacia una nueva acción. Como si esa situación particular nos abriera los ojos a un mundo desconocido, nuevo, del cual, hasta ese momento, no teníamos constancia. Se abre una nueva posibilidad.

Ese proceso llamado “educación” frenó en un momento en nuestra existencia parte del impulso y el apetito real por conocer. De niños empezamos a preguntar ¿por qué? con gran insistencia y la mayor parte de las veces esas preguntas no fueron saciadas, hasta que dejamos de preguntar, pero interiormente ese por qué permanece. Somos seres curiosos por naturaleza y parece que estamos creados para cuestionar y comprender. Finalmente, nuestro verdadero objetivo es esa comprensión.

De modo que ese primer momento de despertar, de ver de una forma diferente, crea una necesidad de acción, de búsqueda. Los libros suelen ser un primer aliado, pero pronto no son suficientes para satisfacer tal exigencia. Lo que buscamos no es solo un conocimiento intelectual, es más basto, más amplio.

Tres inteligencias

Gurdjieff solía decir que somos seres tricerebrados, años más tarde el Dr. Paul Mc Lean afirmó que el cerebro humano es en realidad tres cerebro en uno, a saber, el cerebro reptiliano, el límbico y la neocorteza. Estos tres cerebros se pueden ver no como órganos, si no como capacidades o inteligencias, propias cada una, con funciones determinadas y muy diferentes entre sí. Estas inteligencias deberían desarrollarse de una forma determinada durante nuestro desarrollo, con el fin de crear una forma en la que puedan comunicarse y desarrollar sus funciones sin interferir en las otras. Pero esto no es así por lo general. No se desarrollan en su totalidad, dejan enormes vacíos, lo que provoca una disociación del conjunto.

Las funciones del cuerpo, sentimiento y pensamiento quedan pues lejos de su verdadera naturaleza, aisladas unas de las otras. El proceso de cada una de estas inteligencias requiere un tiempo y funciones determinadas, muy particulares en cada ser humano. Pero la sociedad sigue sus propios modelos desde tiempo inmemoriales, creando una carencia que se ha convertido en algo transgeneracional. A esto lo llamamos “evolución”. Este proceso queda carente de un diálogo, una comunicación entre los centros.

Los Movimientos

Los movimientos son una parte de la enseñanza, pero solo una parte. La enseñanza es un estudio del hombre, de lo que él es. Tenemos un cuerpo, una mente, una inteligencia, un sentimiento. Entre el cuerpo, la inteligencia y el sentimiento, no hay relación. Lo primero es crear una relación que produzca una energía de nivel superior. Un pensar superior, no es un pensar con palabras e ideas. Es una visión inteligente, una nueva educación(…)
Cuando todas las energías están relacionadas en mí, se produce una nueva energía. Tiene otra calidad. Es otra fuerza, una conciencia a la cual no estoy acostumbrado.Esa energía viene de mi mente, de una parte, más elevada de la mente, donde hay una inteligencia, una capacidad de ver que no depende del material acumulado.Necesito estar en relación con esa parte de mi mente. Para tener una visión perfectamente clara de mí mismo, de los demás, de lo que es, sin reacciones, Yo me veo como yo soy». Jeanne de Salzmann

Los Movimientos cuentan con una cualidad característica, la de integrar los centros (cuerpo, sentimiento y pensamiento) en cualquier actividad, con el fin de crear una nueva comprensión. Los ejercicios desafían toda la actividad motora y mental, haciendo a cada participante tener que encontrar una cualidad de atención totalmente diferente a la que habitualmente se está acostumbrado.

Esta cualidad de atención nace de la comunicación entre el centro motor y el intelecto. Una vez esta comunicación se va creando, se deja un espacio para que el sentimiento penetre a través de lo que llamamos sensación e integra la grandeza de la imagen mental, no como una simple fantasía, sino como una nueva visión. A esto Gurdjieff lo llamó, el desarrollo armónico del ser humano

Bhati J.Díaz

 

 

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