Detenerse

La mayoría de la gente nunca se detiene. La inmensidad del momento de parar es desconocida. Si uno se detuviera por un momento, se podrían cambiar muchas cosas en medio del alborotado juego de la vida. Uno se detiene y en ese parar se produce una gran recolección interior, que le puede ayudar a uno a cambiar su propia vida.

Es sólo en un momento de quietud que uno es consciente de otra vida dentro de uno mismo, la cual es verdaderamente importante para nosotros y con la que no estamos lo suficientemente en contacto. Todo esto se reduce a una cuestión de estar atento. Si uno presta atención a este momento, uno empieza a estar en contacto con su cuerpo, toma consciencia por ejemplo si sus pies tocan el suelo, llegar a ser consciente de la aparición de la emoción, y poder estar siempre  mirando atentamente sin tensión.

Es en nuestra vida ordinaria, en el ajetreo de las ciudades, en todo lo que sucede en nuestro día a día, donde sin duda, hay más oportunidades de verse a uno  mismo en acción, y  recibir las energías que abundan las cuales están alrededor de uno. Si uno vive de todo corazón… ¿Qué más nos podemos pedir a nosotros mismos?

Así lo largo del camino, comprometidos con la vida, uno puede tener momentos de «Ah, esto es lo que se entiende por totalidad» Entonces todo es importante, no hay interior, no hay exterior, Y este es en el camino hacia el descubrimiento de una energía adicional  muy fina, de una naturaleza especial.

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