De la dualidad a la realidad

Todas las acciones en la vida se sustentan sobre una actividad mental que se basa en la dualidad. Pensamientos, sentimientos, movimientos y gestos siempre cambiantes que reflejan mi patron interno, continuamente son estimulados y alimentados por impresiones externas. Me aferro a una realidad creada sobre patrones que he heredado. Trato de mantenerla y sostenerla, sin ser consciente de su impermanencia, la nutro para perpetuarla.Pero esa realidad cambia a cada momento, dependiendo del «yo» que esté presente, ese yo que depende del estado de la emoción o el pensamiento. Mi emoción está dividida, mi pensamiento disperso, se distancian, no hay un punto de encuentro.

Este estado crea un sentimiento de insatisfacción, donde surge la pregunta ¿Qué es lo que quiero? ¿qué deseo realmente? ¿quién soy yo? Regreso entonces a mi cuerpo, el hogar que habito en esta existencia material, hay en el una energía, una vida que me conecta a algo más, me doy cuenta de que no se como usar este cuerpo.Comienzo a escucharlo, conecto con sus sensaciones, para esto entro en contacto con una atención que me lleva a liberar todas las tensiones innecesarias, en ese estado de atención sostenida encuentro un punto donde la energía se ancla. Comienzo a entrar en contacto con un estado diferente, donde la división comienza a unirse al momento presente, el si y el no pierden poder. No hay duda, empiezo no solo a ver, sino a escuchar el silencio que se produce en ese estado de presencia. Me lleva a otro estado donde las emociones y pensamientos también encuentran cobijo.

No existe división entre los mundos. Me abro a otra realidad, que siempre estuvo presente. La clave es la atención, que me conecta con la quietud, es esto simplemente lo que necesito recordar, donde regreso cada vez que siento la disociación en mí. Lo recuerdo, calmado, me abro a sentir este experiencia. Cada parte del cuerpo/mente se siente penetrada. Al abrirme comienzo a ver, a escuchar, veo y escucho los mundos y a mí mismo. La mirada proviene desde el mundo de los despiertos.
La realidad es incluso si soy incapaz de reconocerla. En esa realidad «Yo soy»

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